RE-
-inventarme, -construirme, -encontrarme, -nacer.
Mi mecanismo de defensa más común es el de reinventarme. Siempre surge como una necesidad categórica un domingo por la noche. ¿Quién soy? ¿Quién quiero ser? ¿Qué puedo cambiar de mi vida para ser mejor?
Anoche por ejemplo, viendo un par de videos en youtube, cerca de las
9:30 pm me dije:
¡BASTA! Llevas dos semanas comiendo mal, durmiendo mal, sintiéndote incompleta, sin hacer ejercicio, sin trabajar en tus proyectos, poniéndote a ti misma como última en la lista, y ya fue suficiente.
Por fin llegó el otoño, mi temporada favorita. Oficialmente estamos a 3 meses de que termine el año y a tan solo 3 meses de cumplir 30.
De pronto me vi a mi misma como siempre escuchando mi música favorita, haciendo una lista de cosas pendientes por cumplir y resolver antes de que acabe el año, planeando una nueva rutina de mañana, haciendo un nuevo template de Notion, organizando mi agenda y mi calendario, desconectando un poco de las redes sociales y comprometiéndome conmigo misma a reconstruirme.
Últimamente, cada vez que identifico un mecanismo de defensa en mi persona, me doy a la tarea de investigar más sobre por qué me pasa lo que me pasa. Creo que tiene que ver con una necesidad de no vivir en automático, sino más bien comprometerme con ser consciente de mis acciones y de los detonantes detrás de mis comportamientos para ayudarme a mí misma a no caer en patrones tóxicos, violentos, depresivos, ansiosos, etc.
Creo que el acto más grande de amor que tengo conmigo misma es el de escucharme y dedicarme tiempo para entenderme y tratar de ayudarme.
Me di cuenta de que esta necesidad de reinventarme constantemente un domingo por la noche no es una crisis de los casi 30, no es un colapso mental, sino más bien un mecanismo de supervivencia. Lo que realmente está haciendo mi cerebro es algo más o menos así:
→ Algunos cerebros funcionan con un sistema nervioso basado en el interés. Eso significa que mi cerebro no responde a la importancia objetiva de una tarea, sino a la urgencia emocional. Cuando mi día ha sido aburrido, sin dirección o con poca recompensa, mi cerebro empieza a buscar desesperadamente estimulación de cualquier tipo. ¿Y si nos reinventamos? Eso es como una bomba de dopamina.
→ Planear se siente como un lugar seguro. Algunas personas solemos tener dificultades con la regulación emocional. Así que cuando me siento avergonzada, dispersa o abrumada, mi cerebro intenta sobrellevarlo dándome un proyecto nuevo. De repente, ya no estoy en una espiral emocional: ahora estoy reformulando mi identidad, creando un rebranding de mí misma.
Esto me ocurre constantemente. Mínimo una vez al año. Y ahora entiendo que no es una cuestión de no encontrarme a mí misma o sentirme perdida. Es solo un mecanismo de defensa que surge a partir de una necesidad de no quedarme en el “mal momento” que estoy atravesando. Es un mecanismo de defensa que surge después de una temporada de inactividad física, de mal comer, de mal dormir, de exceso de trabajo, por lo tanto, exceso de estrés, de tristeza progresiva, o después de haber llegado a los límites de mi ansiedad.
Esta repentina necesidad de reinventarme es mi cerebro queriendo escapar del pozo en el que podría haberme quedado si no encontraba suficiente motivación para salir de ahí. Reconozco la sabiduría de mi propio cerebro para regalarme un escape de dopamina que me reactive.
Pienso que a veces el positivismo tóxico, en esta era del amor propio, nos ha asqueado a tal punto que ahora satanizamos la idea de la constante búsqueda de uno mismo. Cuando, en realidad, me parece que una de las cosas más divertidas de la vida como seres humanos es esa capacidad de reinventarnos constantemente, de probar cosas nuevas, de volver a empezar, de atrevernos a algo distinto, de relacionarnos con gente nueva, de dejar atrás lo que ya no suma. Y de alguna manera, quizá un poco poética pero para nada absurda, de renacer.
Tal vez lo que llamamos “reinvención” es, en realidad, una danza entre la biología y el deseo. Una forma de recordarnos que incluso en medio de la dispersión y el insomnio, seguimos siendo organismos profundamente creativos, diseñados para sobrevivir a través de la imaginación.
~ Cassandra Colis






