OBLIVION
Las mil razones por las que quiero estar sola.
La solitud, es una necesidad básica de mi persona.
Llevaba varios días sintiéndome agotada. No me quería levantar de la cama por las mañanas. Estaba muy irritable. Todo me parecía demasiado cansado, demasiado pesado… solo, demasiado. Empecé a observar todo a mi alrededor y me di cuenta de que me sentía absorbida por la gente y por mi entorno.
Llegué a un punto en el que no quería toparme con nadie, no quería ni que me dieran los buenos días, no quería tener que iniciar ningún tipo de conversación. No tenía fuerzas ni ánimos para leer mensajes largos, o para cumplir con tareas mínimas que sugirieran cualquier tipo de convivencia.
Al parecer había estado siendo demasiado social y no veía la manera de decir que no a una salida entre amigas, a recibir a alguien en casa, a ayudar a personas con sus proyectos, a atender un mensaje de alguien que me necesitaba. A convivir aun cuando no tenía ganas. Me repetía a mí misma que era importante, que solo sería esta vez y ya… y sin embargo fueron semanas que se convirtieron en meses y me agoté.
Anoche soñé que despertaba en una casa grande y estaba sola, en completo silencio. Pero no me sentía sola. Al contrario, me sentía en paz. Salía a caminar, regresaba, desayunaba, escuchaba música, leía, escribía, me daba un baño, veía una película y era feliz. Así de sencillo.
Este sábado pasado, por primera vez en cuatro meses pasé más de 24 horas, 100% sola. Sin ver a nadie. Sin hablar con nadie. Sin contestar mensajes indeseados. Estando sola, en silencio. Desconectada del mundo, conectada conmigo. Dormí mucho, descansé mucho. Me divertí, y volví a sentirme de buen humor, volví a sentirme yo. Tranquila, en calma, feliz.
Me he dado cuenta de que pocas cosas me generan tanto estrés como la invasión de mi privacidad. Quizá sea por ser hija única. No lo sé. Pero tener un espacio seguro para estar conmigo misma en completa soledad, se ha vuelto algo indispensable, muy valioso y a la vez muy complicado de conseguir.
Hace unos días leía un ensayo sobre esto. Hablaba sobre la idea de querer ser olvidado, borrado de la memoria de todos por al menos un par de días, par descansar de las obligaciones de ser un ser social. Y me puse a llorar. Luego me reí porque no podía entender cómo algo tan sencillo, me provocara tanto pesar. Es verdad que nuestra sociedad ha otorgado un valor extremadamente alto a ser social, amable y a estar disponible de tal manera que resulta muy complejo explicar que, a veces, uno tiene una intensa necesidad de estar solo.
Me puse a reflexionar sobre el tema y pude ver que en los últimos meses he luchado contra la idea de que no estar disponible cuando sea que el otro me necesite significa que soy una mala persona.
Pude ver que últimamente en mi vida me he visto rodeada por personas que ocupan mucho espacio, mucha atención, que drenan mucha de mi energía. En los últimos años he tenido que aprender a compartir casa con distintos roomies a viajar mucho y compartir constantemente cuarto con más de 2 personas, a desayunar, comer, cenar y hasta dormir acompañada.
En estos meses me he enfrentado a choques emocionales muy intensos. Por ejemplo, a veces he pasado de estar en mi cuarto, trabajando en mi novela, leyendo la carpeta de investigación de mi madre con un nudo en la garganta con lágrimas en mis ojos y al mismo tiempo estar escuchando risas en la sala, tener que salir al baño y fingir que todo está bien.
Hace unos días platicaba con mi novio sobre cómo admiro tanto su capacidad para cancelar planes y poner su tiempo a solas como prioridad. Y me di cuenta de que verdaderamente envidio a la gente que se creó una personalidad antisocial desde muy chicos y que otros ven como algo normal de su comportamiento el que quieran pasar tiempo a solas en casa, el que no quieran asistir a los eventos, fiestas o reuniones. Porque yo soy todo lo contrario, con mi necesidad de ser vista, reconocida y querida me forjé una imagen de la persona más social del mundo, de alguien que estaría siempre disponible para cualquier plan y ahora me cuesta mucho trabajo dejar esa imagen atrás y permitirme estar sola en mi casa sin ruido dentro ni fuera.
Y no es que no pueda disfrutar de ser social. Si me encanta salir a cafeterías, a veces puedo estar en un mismo cuarto solo viendo reels con mi mejor amiga y me siento en paz, me encanta tener una muy buena fiesta y salir a bailar con amigas de vez en cuando, ponerme al corriente con la vida de mis primitas después de meses de no vernos, dormir abrazada de mi novio… por supuesto que amo todas esas cosas, pero cuando hago una seguida de la otra sin descanso y aparte dedico tiempo y energía constante en socializar todos los días aun en rutina básica, mi cuerpo literalmente se drena, mi humor se reduce al -10%, todo me resulta agobiante, cansado, estresante y desgastante.
Cuando no logro tener días enteros de completa soledad empiezo a encontrarme con el profundo deseo de ser olvidada. De que la gente se olvide de mi existencia por unos días. De abrir un hueco en el universo y permitirme descansar de todos y de todo.
Descubrí que en mi soledad encuentro formas de recargarme para seguir adelante con mis días, con mis metas y con mis sueños. Incluso me di cuenta de que mi soledad me permite ser más paciente, más amable, más receptiva, estar menos a la defensiva y ver las cosas con más calma.
En los días de priorizar el estar sola existe la maravillosa posibilidad de compartirme con otros de formas más sanas. Al abrazar el silencio, me permito extrañar las risas y recibirlas con más afecto después.
Sueño con poder regalarme a mí misma una vida tranquila, lenta donde pueda priorizar mi tiempo a solas, el silencio y los días de conexión conmigo misma para poder crear y conectar con otros desde la calma y con intención. En lugar de la responsabilidad forzada y la culpa.
Att. Cassandra Colis



