Maternar
¿Qué significa ser hija cuando no se tiene madre?
Hace unos días empecé a leer un libro que me está reconfigurando la cabeza. Mi entendimiento sobre lo que es la maternidad. Sobre los conceptos de madre e hija.
El libro es Fruto de Daniela Rea.
Me lo recomendó hace un mes una amiga con quien espero pronto dar vida a un proyecto muy hermoso que me entusiasma muchísimo. Me lo recomendó porque, dentro del proyecto, hablamos mucho sobre maternidad: sobre las ideas que existen alrededor de ser madre y sobre por qué algunas de esas ideas hacen que muchas mujeres añoren convertirse en fuentes de vida, mientras otras rechazan la idea por completo y sin chistar.
Mientras avanzaba mi lectura y reflexionaba una y otra vez en mis libretas sobre todas estas ideas… me puse a pensar en la cantidad de veces que he rechazado la idea de ser madre desde muy temprana edad.
Pensé en las veces que las personas me han mirado con extrañeza —o incluso con lástima— por mi decisión.
Casi podría hacer una lista de las veces que me dijeron que esta idea cambiaría algún día. O las veces que escuché que ser madre es lo más hermoso que hay en la vida.
Pensé también en la cantidad de ocasiones en que mi decisión fue ignorada: por familiares, amigos, parejas e incluso por desconocidos.
En una ocasión, al término de una de mis presentaciones de 404 Not Found —en donde aclaro mi decisión de no ser madre—, una mujer adulta se acercó con preocupación y lágrimas en los ojos para pedirme (casi suplicarme) que reconsiderara la idea.
Yo no pude hacer más que quedarme callada y mirarla fijamente a los ojos, esperando una explicación para una petición tan abrupta y tan fuera de lugar.
Entonces procedió a explicarme que, contrario a mis ideas, yo debería —palabras literales de la mujer— “hacer justicia por el homicidio de mi madre teniendo MUCHOS hijos”.
Nótese que enfatizó la palabra muchos.
Yo no supe cómo reaccionar, salvo con una risa un poco contenida.
¿De verdad esta mujer estaba sugiriendo que vengara la muerte de mi madre… siendo madre yo misma?
Nunca pude quitarme la voz de esta mujer de la cabeza. La voz que sugería que traer una vida más a este mundo podía considerarse un acto de venganza y, a la vez, un acto de sanación por una pérdida.
Y entonces me quedé pensando:
¿Puede una vida sustituir a otra? ¿Puedo sanar la herida de perder una madre al convertirme en madre yo misma? ¿Las personas asumen que cualquier mujer tiene la capacidad y habilidad de maternar, solo por el simple hecho de ser mujer? ¿Será que todavía hay mujeres que entienden la maternidad como algo natural?
Yo no puedo entenderlo así.
Ser madre no es innato y no hay nada natural en ser madre.
No existe el amor maternal. Existe el amor.
Sin adjetivos.
Mientras sigo leyendo el libro, voy entendiendo muchas cosas de mí misma. De mi historia. De mis deseos y también de mis miedos.
Entiendo mejor por qué, desde chica, decidí no ser madre.
O más bien por qué ser madre nunca se volvió algo que llamara mi atención. Mucho menos un sueño por cumplir o una meta por alcanzar.
El entendimiento que tenemos sobre lo que significa ser madre proviene, inevitablemente, de nuestras madres. Y de las madres de ellas.
Y aunque yo amo y amaré a mi madre y a mi abuela toda la vida, mi entendimiento de la maternidad se rige principalmente por la pérdida, la ausencia y el dolor.
Y yo no quiero más de eso en mi vida.
Ni para mí.
Ni para la vida de otra mujer que, como yo, termine por no entender el significado de ser hija.
Me despertó una inquietud: ¿Cuál es el sentido de hacer familia?, le pregunté a Ricardo. O creo que sólo lo pensé. Ricardo dormía y yo no insistí, porque no sé si buscaba una respuesta. Me quedé en la oscuridad, en el silencio, acostada entre ambos, con una duda hecha de cansancio, desconcierto, arrepentimiento, angustia. No lo sé. Me encontraba ahí, en medio de ustedes, pero me sentía sola. No sólo para responder esa pregunta sino sola en la inmensidad de la vida, de mi vida y la tuya, hija. Nuestra pequeña eternidad. Sola en esa vastedad de tiempo. En saber que nunca en la vida dejaría de ser madre y que, en ese momento, me sentía insuficiente. Para mí y para ti. En Casas vacías, la escritora Brenda Navarro también se pregunta: “¿Qué es un hogar y de qué se conforma? ¿En dónde empezamos a ser padres e hijos? ¿En dónde empieza el hogar y qué lo conforma?”
Y ahora yo me hago otras preguntas.
¿Cuál es mi identidad?
¿Qué significa ser hija cuando no se tiene madre?
Hace muchos años que me identifico como huérfana. Como una persona que carga ausencias sobre los hombros.
Desde que tengo memoria, la soledad forma parte de mí. Las ausencias, las pérdidas, los duelos y el dolor atraviesan quién soy.
Y la idea que tengo formada sobre la maternidad está tan distorsionada que no existe manera en la que me sienta capaz de maternar a otro ser humano sin que esas ausencias aparezcan.
No quiero traer al mundo a un ser humano si no puedo garantizar su seguridad en este mundo.
Sigo sin terminar mi lectura, de hecho, voy a menos de la mitad del libro, sin embargo, me ha impactado de una manera tan grande que no pude evitar venir a reflexionar por aquí al respecto.
Me pregunto si quizá, la verdadera gran pregunta no es por qué algunas mujeres no quieren ser madres…
Tal vez la verdadera pregunta es por qué el mundo insiste en que todas deberíamos serlo.
Llevo muchos años pensando que mi historia está marcada por las ausencias. Hoy empiezo a pensar que también puede estar marcada por las decisiones.
Y esta —la de no ser madre— es una de las pocas decisiones que siento completamente mías.
Y me parece que esta decisión, nunca ha sido un rechazo a la vida.
Sino que es, en realidad, una forma de cuidado. -Autocuidado-
Un intento de romper una cadena de ausencias que no comenzó conmigo.
Y que espero, de todo corazón, tampoco continúe después de mí.
Att. Cassandra Colis




Gracias por compartir. Como alguien cuya infancia, adolescencia y juventud estuvieron marcadas por las ausencias sí creo que nuestra vida posterior a las pérdidas puede estar marcada por las elecciones. Yo elegí ser madre sobre todo por lo mucho que mi mamá disfrutó estar conmigo y mi hermano de niños, aún entre varias tragedias familiares. Espero que tus elecciones te sanen y te hagan plena. Muchos abrazos desde Nueva York para ti.