Heridas de infancia
Cris Morena, Vivi Tellas y otras grandes mujeres...
¡Que semana! Por Dios, no se ni por dónde empezar con tantas cosas que han sucedido en tan solo 7 días… Escribí un texto que titulé “Dulces nombres” para un ejercicio que me pidió Vivi Tellas en el taller de Biodrama, el ejercicio consiste en lo siguiente:
Debía de buscar entre mis pertenencias una foto, una foto en dónde podía o no aparecer yo, podía ser actual o vieja, física o digital pero el único requisito era que a mis ojos debía parecerme interesante, teatral, y tenía que despertar mi curiosidad. Una tarea muy difícil la verdad. Al final lleve 6 propuestas de fotos y entre todos me ayudaron a elegir la ganadora, que fue esta:
En esta foto aparecen varios personajes. Yo como personaje principal con mi vestido de xv años en plena misa, mi padre a mi lado derecho bien trajeado, a su derecha mi abuela Lucila, madre de mi madre. Detrás algunas de mis damas, principalmente Melina, mi primer amiga, mi primer MEJOR amiga, la que me enseño a definir la palabra amistad y algunas otras personas que asoman por ahí. La locación: una pequeña capilla en el centro de Monterrey. La fecha 19 de diciembre del 2010, mis xv años.
Al grupo del taller le encantó la foto, mi abuela con las cenizas de mi madre en mano, y mi papá y yo con cara de castigo, regañados porque los dos siendo ateos no queríamos misa para mi xv años pero con mis abuelas católicas no fue posible decir que no. Parte del ejercicio era hacer una hipótesis en base a la fotografía.
Jamás había escrito algo como lo que escribí, mis ojos se llenaban de lagrimas una y otra vez mientras escribía y al leer el ejercicio aún más. Me pasé horas escuchando Intocable y tratando de traer de regreso recuerdos de mi padre.
Esa misma semana se estreno Floricienta en HBO y me pasé algunos días viendo los primeros capitulos y recordando mi infancia, con mi papá, cantando sus canciones a todo pulmón, esos viajes en carretera que tanto nos gustaban, sus palabras y las tonterías que a veces se inventada “Apoco si me caso con una así como Floricienta, no te gustaría” me decía “sería un sueño hecho realidad” le contestaba. Sin saber que realmente no quería, y él tampoco, porque la memoria de mi mamá era demasiado dolorosa para ambos, porque nos la arrebataron. Y Cris Morena (creadora de esta serie y muchas más) siempre tuvo esa inquietante manera de acompañarme en mi infancia a través de todos mis dolores, a través de todas mis perdidas, y cuando leía “que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia” yo sabía que no podía ser verdad, yo sabía que debía de haber en ella algo como lo que había en mi. Y por ella decidí escribir. Y por ella este mundo del arte no ha sido tan obscuro, por ella siempre encuentro un rayito de luz y de inspiración, porque me niego rotundamente a abandonar a mi niña interior.
Aparte de todo lo que me removió ese ejercicio, y la más grande serie de mi infancia, también nos rechazaron en una convocatoria más, dos perdidas y dos ganadas hasta ahora, no voy a mentir que el corazón se me hizo un poco pasita de tristeza, y me decepcioné de perder esa gran oportunidad, pero bueno, es parte del camino, no se puede ganar todo.
Esta misma semana tuvimos ensayo general y estreno de una obra de tipo “teatro laboral” con temas y un estilo muy ajeno a mi, pero que de igual manera se convirtió en una gran oportunidad de trabajo, fueron días muy pesados de traslados, tras traslados, un total de 10 ubers en menos de 3 días, un total de $1,700 pesos en menos de 3 días. Hasta el día de hoy sigo sin recibir el pago.
Fueron días de criticarme mucho a mi misma por no haber aprendido a manejar por no haber aprovechado la única herencia que me dejó mi papá. Fueron días de odiar Monterrey, de odiar mi pasado. Me entraba un coraje profundo de volver a sentirme como la niña de 16 años que sentía que ya no era prioridad en la vida de nadie, esa niña que sentía que no tenía nada, ni madre, ni padre, ni hermanos, ni casa, ni nada. Dueña de nada, parte de nadie. Huérfana. Discutí con una de mis mejores amigas, dejé atrás uno de los trabajos que tenía. Tuvimos que recurrir a nuestros ahorros para llegar al cierre de mes en la casa. Llegaron mis días, con cólicos insoportables. Y tuve que avanzar a la segunda etapa del ejercicio con Vivi Tellas: Un performance dónde haga uso de la foto, del texto, de una canción y de un objeto.
Y ahí vamos, volví a visitar esa capilla de la foto de arriba, claro porque ahora vivo a solo unas calles de ahí. Y al entrar la cantidad de cosas que pasaron por mi mente fueron indescriptibles, después de más de 6 años volví a entrar a una iglesia, escuché una misa, rectifique porque no creo en la religión, rectifique el daño que le hace al mundo. Pero me encontré conmigo misma, con mi yo de xv años y llore ahí sentada en la banca al darme cuenta de que llevaba enojada por las pocas cosas malas de la semana sin darme cuenta de las cosas muy hermosas que también sucedieron.
Volví a ver amigos que tenía meses sin ver, y me sentí escuchada y parte de sus vidas. A veces cuesta encontrar gente que piense igual que tu, a veces cuesta encontrar gente que entienda por lo que estas pasando, a veces cuesta encontrar amistades que no buscan nada a cambio. Pero cuando se encuentran, duran para toda la vida.
Pasé muchos días muy amorosos con Baudi, me di cuenta que tenía mucho tiempo sin sentirme tan amada como me siento a su lado, cuidada, protegida. Y sonreí porque me di cuenta que ya no estoy sola, ya soy prioridad en la vida de alguien, y juntos hemos creado una relación que aunque no es perfecta si es hermosa, y justo lo que yo había necesitado todos estos años.
Y finalmente solté una carcajada aún con lagrimas en los ojos porque mi papá se las arregla siempre para aparecer con sus consejos y con sus enseñanzas cuando más las necesito. Y me vi ahí entendiendo todo mi dolor, entendiendo lo incomprensible. feliz, sonriéndole al cristo ensangrentado de mi derecha, mientras escuchaba a Baudi susurrar “aquí nos vamos a casar” mientras el padre repetía palabras homofóbicas y la niña de enfrene se peleaba con su mamá por llevarla a ese lugar tan aburrido. Cantando en mi cabeza las canciones de Floricienta, imaginándome en mi boda, vestida de blanco y entrando del brazo de mi papá. Ahí entendí todo.
Se que voy por buen camino, se que el arte una vez más viene a salvarme, a hacerme entender, a darme la oportunidad de escuchar, entender y crear.
Bonito inicio de semana, les deseo todo lo más bello de este mundo y muchas flores amarillas 🌻



