Carta #5
La vida y su dolorosa forma de enseñar...
El 21 de abril me dieron una noticia muy triste. Más que triste fue una noticia dura, de esas que se sienten como una cachetada.
No voy a hablar mucho de eso, o más bien no voy a dar detalles, por respeto al dolor que muchos estamos atravesando con esa noticia y por lo mucho que cuesta asimilar. Y también porque a mi aún me cuesta poner palabras a la situación, aún me cuesta darme cuenta de que sigo sin entender la vida.
Desde el 2012 mi manera de ver la vida es extraña. Comencé a tener una extraña fascinación por el tema “muerte” ¿qué significa morir? ¿cómo se siente morir? ¿uno elige morir? ¿uno es capaz de manifestar la muerte? ¿mueren los que son menos queridos? ¿o los que son más queridos? ¿mueren los que son más buenos? ¿o los que son más malos? si existen tantas formas de morir en el mundo, ¿quién elige como muere cada uno? ¿El destino? ¿Dios?
Cuando uno muere, ¿qué queda? solo los recuerdos que los otros tienen sobre uno, recuerdos que se van distorsionando y perdiendo. Algunos cuantos dejan un par de objetos que se dañan o se pierden con el paso del tiempo y otros cuantos dejan uno o dos consejos que perduran. Pero nadie deja nada capaz de llenar la sensación de vacío que queda.
No soy una persona religiosa, aunque lo fui, de chica. Mi abuelita Lucy me enseñó a rezar, me sabía todas las maneras de hablar con diosito para pedirle que me escuchara, me ponía de rodillas con mis manitas juntas a un lado de mi cama o sobre la cama de frente a la pared y con mi mirada viendo al techo, así aprendí a pedir por la salud de mi familia, por que me fuera bien en la escuela, por que a mis papis les fuera bien en el trabajo y a pedir para que Diosito me mandara muchos angelitos a cuidar mi camino.
Hice mi bautizo, mi comunión, mi confirmación, mi misa de xv años, mis dos padres al morir tuvieron misa de cuerpo presente, ambos fueron cremados, a mi madre la sepultaron con su padre, recuerdo que esto dolió mucho, sentía que me quedaba muy lejos. Mi padre descansa en el cuarto de su madre. Se hicieron misas en memoria de ambos durante años después. Todo el tiempo me pasa que la religión está muy cerca, mientras más lejos la quiero más me encuentra. He escrito canciones, poemas y cartas tratando de entenderla. Y cuanto más rechazo la existencia de Dios, más dudo.
Muchos años después cuando falleció mi abuelita Lucy recuperé las cenizas de mi madre. Ese día yo estaba muy emocionada, sentir las cenizas en mis manos era extraño, me puse a pensar dónde las pondría, como platicaría con ella, ¿le prendería una vela? pero al llegar a casa me mi cuenta que eran solo cenizas, que ella no estaba ahí, que no estaría más nunca. Que la sentía más cerca arriba de un escenario o columpiándome en un parque, lloré y salí de casa sin querer volver a ver la urna.
En noviembre del año pasado conocí más a fondo a alguien que ahora se ha vuelto mi persona favorita y desde su incomprensión sobre Dios y sobre la religión, desde sus propias luchas y reencores con la religión que le impusieron en la infancia, me fue arrastrando a mi a un lugar desconocido un lugar en el que mi espiritualidad “resurgió” de formas extrañas. En los últimos meses me he cuestionado más que nunca ¿Qué es Dios?
Y me vi a mi misma escribiendo una carta a alguien que quiero mucho, pero desde ese día que la escribí que no he tenido el valor de entregarla, de hecho ni siquiera he tenido el valor de volver a ver a esa persona, porque solo pensar en su nombre y en su rostro después de recibir esa noticia, me rompe el corazón en mil pedazos… Así que en lo que encuentro las fuerzas para entregarla de puño y letra y cara a cara dejaré un cachito aquí…
Quisiera tener las palabras correctas. Pero mientras más trato más fracaso.
”NO ES JUSTO” es la única frase que existe en mi cabeza.
Tú de todas las personas en mi vida eres esa que me muestra que existe Dios. Lo siento si no puedo creer que sea un ser extremadamente misericordioso o perfecto y poderoso, pero al menos si creo que existe. Que esta contigo, que te da la fuerza que yo no tendría. La fuerza que sé que no tengo.Te miraba como me mirabas, miraba tus ojitos, miraba tus manitas, miraba las fotos que me mostrabas, escuchaba tu voz mientras me explicabas y solo pensaba ¿por qué?
Lo supe desde que entré por la puerta, siempre me ha costado creer en Dios, pero en las energías creo y confío ciegamente y cuando entré lo sentí sabía que algo no iba bien. Apareció el hueco en el pecho, el nudo en la garganta, el miedo, me sentí chiquita. Pero también me sentí extrañamente acompañada y esperanzada.
Me hubiera gustado ser más fuerte en ese momento, abrazarte y decirte las palabras correctas para que sintieras que todo va estar bien, que pase lo que pase todo va estar bien.
Es una carta más larga, 3 cuartillas llenas de mi letrita que espero pronto ser capaz de entregar.
La vida me parece ahora muy extraña porque desde ese día estoy más sensible de lo normal, todo me parece o mucho más importante o mucho más insignificante…
Paso horas viendo las nubes cambiar de forma. Lloro de ver una margarita marchitarse en un frasquito en mi cocina. Me impacta ver la gran discusión que puede surgir de solo un pequeño sentimiento, y como puede todo disolverse con el abrazo correcto. Me da miedo darme cuenta de que mis palabras lastiman fácilmente, de que las palabras de otros me hieren. Me decepciono de no encontrar respuestas sobre la educación, las relaciones, las amistades, Dios, mis padres, las heridas de infancia, los celos, las enfermedades, la muerte, la familia, el amor, las responsabilidades, el teatro, el arte, la vida. Y me quedo mirando esta carta sabiendo que no tiene un final, que tendré que despedirme solo pensando…
¿Qué sentido tiene todo?






