Carta #4
Una, no tan pequeña, carta a mis alumnos...
Queridos alumnos:
Hoy decidí escribirles porque hace unos días que me siento cansada, triste, confundida, enojada, frustrada, agradecida. Les empiezo a escribir con lágrimas en mis ojos, desde la sala de maestros de la facultad, y les confieso que he llorado ya dos días enteros. (y termino esta carta en mi cama 3 días después aún con ganas de llorar).
Para mi ser maestra es algo muy importante.
Toda mi vida mis maestros han sido parte esencial de mi crecimiento personal. A la fecha sigo teniendo contacto con algunos maestros desde el kinder, (no es broma, desde el kinder), porque me han marcado, porque han sido maestros que se tomaron el tiempo de conocerme como persona, que vieron en mi algo “especial”, que me consolaron cuando lloraba, que me escribieron cartas de felicitación cuando logré cosas importantes en mi vida, cartas de despedida cuando me gradué (cartas que aún conservo). Se alegraron por mis éxitos, me dieron consejos cuando los necesitaba, se esforzaron por mantener un contacto conmigo, fueron a ver mis presentaciones de danza y teatro, me ayudaron a salir adelante de problemas de estudios, de amor, de dinero, etc. Creo que todo se resume a que algunos maestros a lo largo de mi vida me trataron como ser humano y no como un numero más en sus aulas de clases, y eso me cambió la vida.
Hace mucho que empecé a soñar con ser esa maestra para otros, con poder ayudar a mis alumnos, con escucharlos, con ayudarlos a darse cuenta de cosas importantes en su vida, con hacerlos sentir que no están solos, que pueden confiar en mi, que siempre voy a escucharlos.
Me he esforzado todos los días por no caer debajo de la horrible nube pesimista de ser maestro.
Porque si, es verdad que ser maestro es muy difícil, es demasiado trabajo, es muy mal pagado, las instituciones rara vez se preocupan por nosotros (ni las publicas ni las privadas), hay muchas reglas institucionales y procesos burocráticos que vuelven casi imposible que la educación sea digna. Y seamos sinceros uno crece y tiene cada vez más y más alumnos y menos y menos tiempo, y menos y menos ganas, y termina renunciando a su vida personal por tener más horas de clase y puestos administrativos que den lo suficiente para pagar la renta, poco a poco dejamos de hacer las cosas que nos apasionan y de pronto un día un alumno nos voltea los ojos y nos hace perder un 1% de nuestro amor a la docencia y otro día falta la mitad del salón a la clase que nos tomo meses preparar y perdemos otro 5% de nuestro amor a la docencia, y otro día pasa otra cosa, y otra y otra y es muy fácil perderse y dejar de amar lo que hacemos.
También es muy fácil olvidar que nosotros fuimos alumnos alguna vez, que también teníamos días malos, que también nos dolía que los maestros no nos escucharan o no nos entendieran, que tener montones de tareas, hacer 3 horas en camión, tener que despertar a las 4:00 am, dormir solo dos horas, tratar de mantener una vida social, amorosa, familiar, trabajar y aparte ser buen estudiante era realmente difícil. Y a muchos nos cuesta aceptar que estamos creciendo, y por lo tanto envejeciendo, que hay generaciones nuevas, que viven y piensan distinto a nosotros, que en muchas cosas de hecho son mejores que nosotros. Es difícil darnos cuenta que ya no somos la generación que va a cambiar al mundo, que ya no somos los revolucionarios, que ahora somos esos que marcaron un camino que ahora a ustedes, nuevas generaciones, les toca deconstruir.
Ayer lloré todo el día porque me sentí mala maestra, porque sentí que mi forma de enseñar no es la misma que la de mis compañeros de trabajo y de alguna manera eso me hace sentir que estoy “mal”. Estoy dando clases a la par de personas que me dieron clases a mi, que llevan más de 15 años de experiencia docente y yo aquí, aún en mis 20´s creyendo que puedo cambiar la manera de educar. Esto no significa que este en contra de la manera de educar de mis compañeros, al contrario, los admiro, les agradezco sus enseñanzas y como alumna siempre lo diré con mucho orgullo. Pero, como docente, la verdad es que no quiero educar así.
No me gusta ser la maestra “mala”, la “perra” tampoco me gusta ser la “desinteresada” la que se los lleva a comer en lugar de dar clase, no quiero ser la que marca una linea con ustedes, la que les cierra la puerta en la cara, la que no se da el tiempo de sentarse a escucharlos cuando me buscan para hablar, no quiero que me tengan miedo, tampoco quiero que piensen que no me gusta mi trabajo, y no quiero que me vean como autoridad que tiene poder sobre ustedes. Ojo, eso no significa que no pueda reprobarlos, cuando de verdad no merecen pasar, yo pienso que por eso existen acuerdos claros que se plantean en clase y a los que todos accedemos, yo como docente y ustedes como estudiantes. Y tampoco es que me importe caerle bien a todos, de verdad si para alguno de ustedes no soy de su agrado, lo entiendo, ya estoy muy lejos de buscar ser miss simpatía. Lo que si me importa es que sepan que estoy ahí para escucharlos y tratar de entenderlos y ayudarlos. No me interesa que me van como autoridad pero si me interesa que me vean como referente y que quieran aprender de mi y de mi trabajo.
Es horrible tener maestros que no tienen ganas de ser maestros, como estudiante uno se da cuenta de esas cosas, yo me acuerdo, me ha pasado y es horrible. También es horrible tener maestros que se sienten superiores a ti, esas cosas se notan y generan una distancia, no te dan ganas de acercarte. Y me duele mucho pensar que de alguna manera haya podido llegar a generar eso en alguno de ustedes, espero de todo corazón que no sea así, y si así fue les pido una disculpa.
Quiero pensar que he sido sincera con todos, y lo volvería a ser mil veces más. El 80% de ustedes (si no es que más) no se van a volver a dedicar al teatro una vez que egresen.
1. porque no hay trabajo suficiente
2. porque no están 100% comprometidos
3. porque no esta dentro de sus intereses.
Les he dicho mil veces a más de 10 de ustedes que la institución no es para todo el mundo, porque conozco gente con maestrías y doctorados que no conocen nada y son pésimos actores/directores/críticos/maestros, etc. Y conozco gente sin prepa y sin licenciatura que son maravillosos en su arte. El título (a menos de que quieras ser docente de alguna institución) en carreras artísticas, no significa nada. En la UANL y en muchas otras universidades, lo que importa es que ingresen muchos y egresen muchos, no que sean verdaderamente capaces de ejercer su carrera.
A mi ahora me toca ser maestra de actuación para teatro, pero sé que a muchos de ustedes no les interesa la actuación o a muchos les interesa el cine y no el escenario, y está bien. Mi trabajo no es convencerlos de que les guste lo mismo que a mi me gusta, mucho menos de hacerlos sentir mierda por no querer ser actores de teatro. Creo que mi trabajo está en mostrarles lo que conozco, de lo que se trata mi arte, de como ustedes pueden generar sus propias herramientas de creación que les funcionen como interpretes, que sepan generar sus propios proyectos que tengan un piso de realidad sobre la actuación escénica en nuestro estado y en nuestro país y ayudarlos a decidir si realmente quieren seguir aquí o no. Pero no desde el regaño, no desde hacerlos sentir que están mal, si no desde la escucha y el acompañamiento y haciéndoles saber, recordándoles, que el número en su calificación no los califica como personas ni como artistas.
Me da mucho gusto que muchos de ustedes se dieran de baja este semestre, no porque no los quiera como alumnos, si no porque no quiero que pierdan su tiempo en algo que no les apasiona, no le deseo eso a nadie.
Tienen que aceptar que muchos de ustedes no son los mejores alumnos chiquis, la verdad es que faltan mucho, llegan tarde, olvidan hacer las tareas aunque sean sencillas, a veces pueden ser un poco groseros con sus compañeros y maestros, se quedan dormidos en clase, prefieren desvelarse en una fiesta que leyendo o practicando un ejercicio, falta mucho compromiso, faltan muchas ganas.
Muchos de ustedes hablan pestes del lugar en el que estudian sin darse cuenta que están en una gran facultad, con muchas cualidades que otras facultades no tienen. Por supuesto que no es la mejor facultad, no quiero decir eso, yo estudié ahí, ya sé las cosas que le pesan, pero es importante que dejen el pensamiento pesimista a un lado y se concentren en lo que esta bien y en lo que pueden hacer mejor ustedes. A veces uno se clava en señalar y los cambios no surgen así, los cambios comienzan con uno mismo.
Les deseo que viajen mucho, que conozcan a otros estudiantes de teatro de otras partes del mundo, otras universidades, otros planes de estudio, otros maestros, otros teatros y empiecen a entender y valorar. Les deseo que un día se despierten y encuentren lo que necesitan, y si eso significa dejar la facultad, háganlo, vuelen, busquen su felicidad en donde la necesiten, en Ciudad de México, en la ENAT, en la UNAM, en Nueva York, haciendo teatro musical o comercial, que se metan a estudiar música, cine o danza si eso es lo que realmente desean, les deseo que encuentren PASIÓN en lo que sea que quieran hacer y que dejen de forzarse a estar en un lugar en el que no quieren estar.
Les deseo que se encuentren siempre con maestros amables, con ganas de compartir, de escucharlos, de dialogar, que tengan menos maestros que creen tener la razón absoluta y más maestros dispuestos a admitir que se han equivocado, les deseo que tengan maestros más activos en lo que sea que les enseñen, maestros de actuación que de verdad sean actores, que en los últimos 2 años se hayan subido al escenario de perdido, mejor si en los últimos 10 años se han subido todos los años al menos una vez. Les deseo que se encuentren con maestros apasionados, empáticos y cero frustrados.
Y en general nos deseo a todos una mejor comunicación alumno / maestro en dónde nadie se crea mejor que nadie, en donde se respeten las opiniones y conocimientos y experiencias de ambos lados, en donde lo más importante es que somos todos humanos, que somos o queremos ser todos artistas y que estamos estudiando o enseñando por decisión.
Si he sido una mala maestra para ustedes les pido una disculpa de corazón, espero con el tiempo generar mejores habilidades y ofrecerles una mejor educación/guía de la actuación teatral. Les mando un abrazo enorme y espero que lo que resta de sus carreras este llena de luz y de mejores momentos, de menos frustraciones y enojos, de más amor y pasión, de caídas de 20, de proyectos que puedan generar y mover por fuera, de decisiones difíciles pero necesarias.
Y si me necesitan, ya saben donde encontrarme, porque si algo puedo jurarles es que siempre voy a estar disponible para escucharlos, aunque no siempre tenga las respuestas. Espero que eso sea suficiente por ahora.
Los quiero con el alma, gracias a ustedes soy lo mucho o poco maestra que soy hasta el día de hoy, se los voy a agradecer toda la vida, a cada uno de ustedes, los voy a llevar en mi corazón siempre.
Att, su maestra





