Carta #17
un viaje hacia adentro
Siento que mi vida volvió a empezar.
Empecé Octubre, mi mes favorito, sin darme cuenta que era Octubre, sintiendo un hueco en el corazón, con lagrimas en mis ojos y pensando…
¿Cuánto tiempo llevo escribiendo con lágrimas en mis ojos?
Me siento cansada de tomar decisiones donde siempre gana mi impulsividad. Me siento cansada de buscar respuestas en otros y me siento cansada de buscar alcanzar una vida que parece más la escena de una serie de Cris Morena que la vida real.
En septiembre hice un viaje, una gira por la frontera del país. Viaje en carretera en una camioneta con 9 amigos, presentando una obra de teatro que amo, El Ejército Iluminado. Visité Torreón, Chihuahua, Agua Prieta, Hermosillo, Puerto Peñasco, Ensenada y Tijuana.
Este viaje fue maravilloso y doloroso en muchos sentidos. Empezando por darme cuenta que 6 años se pasan rápido y que ya no soy una niña como cuando empecé éste proyecto. Mientras viajaba físicamente por esa carretera iba haciendo un viaje interior a todo lo que he vivido desde el primer ensayo de esta obra, en Junio del 2018 hasta el día de hoy. Me vi a mi misma conociendo a Baudi por primera vez, detrás de su cámara, sin saber todo lo que íbamos a vivir juntos, me vi escuchando a Alberto y al maestro Gerardo platicando sobre mil directores, actores, películas, y referencias que no entendía, me vi a mi misma preguntándome si realmente el teatro era mi lugar, me vi a mi misma saliendo a comer con Manolo, bebiendo con él, teniendo nuestra primera pelea sobre el teatro y sobre la vida, me vi siendo feliz, sin saber que se convertiría en una de mis personas favoritas en la vida, me vi a mi misma mirando a Ricardo a los ojos por primera vez, pensando que estaba a punto de actuar con alguien que admiraba tanto, me vi a mi misma riendo a carcajadas con German, me vi escuchando a José, mi pepis, pensando en lo mucho que quería ser cómo él, me vi compartiendo abrazos y regalitos con Rosalva… Vi pasar ensayos tras ensayos, funciones, viajes, risas, borracheras, metidas de pata, llantos, mal de amores, corazones rotos, despedidas, enfermedades, sustos, más risas, momentos inolvidables, sueños de locos, encuentros, desencuentros, amores y mucho más…
Vi como 1,000 versiones de mi misma pasar frente a mis ojos. Disfrute cada segundo de ese viaje el físico y el interior. Hasta la volcadura. Porque el 24 de septiembre en plena carretera de Sonora a Tijuana, esa camioneta en la que viajábamos los 10 integrantes del equipo se volcó y por alguna extraña y milagrosa razón todos estamos vivos y sanos para poder contar esta historia.
Recuerdo el segundo exacto en el que sentí como caímos en el bache, el momento en el que sentí como la camioneta, sin llanta, perdía el control, el momento justo en el que pensé… la tercera es la vencida, y cerré mis ojitos pensando que sería la última vez que pensara algo en vida. Recuerdo la sensación de los golpes, los gritos de mis amigos, el último movimiento de la camioneta y ese segundo en el que volví a abrir los ojos mire a mi alrededor y todos estaban ahí, vivos. Asustados, golpeados, sangrando, pero vivos. Mire a mi derecha a los ojos de Ricardo los dos asustados… ¿Estás bien? Si. Estamos bien. Recuerdo escuchar a Alberto asustado enfrente de mi, pasar mi mano por su espalda y gritarles a todos: “estamos bien, todos estamos bien”.
Recuerdo pensar que teníamos que salir de la camioneta antes de que otro carro o un trailer nos golpeara. Recuerdo ver salir a German a toda prisa, empezar a ayudar a todos a bajar, recuerdo ver la carita de Manolo llena de sangre, recuerdo salir de la camioneta, empezar a notar los golpes… mis costillas, la cadera, las rodillas, mi cabeza… Recuerdo estar en la carretera bajo el sol intenso de sonora, mirar la camioneta destrozada, nuestras cosas tiradas por todas partes, vidrios rotos, recuerdo ese eco que queda en los oídos después de un choque, recuerdo voltear y vernos a todos ahí… A mi Rosalva, a mi Paquito, mi Cari, tan asustada… sin darse cuenta que nos salvó la vida a todos.
Y el pánico empezó a llegar de a poquito, las manos me temblaban, me sentía débil, había muchas cosas por resolver, pero yo solo quería poder correr y abrazar a alguien. Nos fuimos abrazando unos a otros, algunos con lágrimas en los ojos… nos ayudamos a cubrirnos del sol con camisas y gorras… fuimos sacando nuestras pertenencias de la camioneta, empezamos a darnos cuenta del milagro que era que estuviéramos todos vivos, todos sanos.
En un momento me senté en una piedra y empecé a llorar… quería poder mandarle un mensaje a mi papá. Eso fue lo primero que pensé, que quería poder tener una manera de comunicarme con él y decirle que estaba bien. Me había asustado mucho pero que estaba bien, que una vez más había sobrevivido a un accidente como estos. Que una vez más me iba a costar un mundo aprender a manejar. Me dieron ganas de llorar al agarrar mi celular y no saber a quién avisarle primero… y entonces antes de mandar el primer mensaje decidí dejar mi celular y voltear a mis amigos, a mi familia, a esos que iban viajando conmigo, esas caritas que no voy a olvidar nunca. Y le agradecí a mi papá en silencio… Gracias por ponerlos en mi camino.
Ese día comimos unos simples sandwiches y dormimos todos apretados en el cuarto de un motel, en un pueblito en medio de la nada, pero aún así fue una de las noches más lindas de mi vida, porque la pase al lado de ellos. A la mañana siguiente Manolo cumplió años y le cantamos la mañanitas y festejamos su vida, a la par de todas nuestras vidas.
Y desde que regresé del viaje, he tenido que resolver cosas de adulto, pagar deudas, resolver cosas de la casa, la renta, la despensa, los gatitos, problemas amorosos, rupturas, decisiones difíciles, reencuentros.
He tenido mi corazón apachurrado, un flikiti en el pecho, me la he pasado viviendo en un videoclip triste. Llorando acompañada de la lluvia, de un columpio, de las estrellas, de mis gatitos, sintiéndome sola, tratando de hacer las paces con mi soledad y con mi solitud… Viendo Margarita por las tardes, escribiendo por las noches. Pensando en que necesito un cambio de aire, una sacudida en mi vida… un despertar, un renacer. Después de casi morir en una carretera creo que vale la pena plantearme de nuevo ¿por que vivir con miedo? ¿que puedo hacer diferente?
Desde que era una niña crecí con las historias de Cris, ya sabes… Floricienta, Chiquititas, Casi Angeles, Aliados… y siempre me he sentido muy identificada con las protagonistas de estas historias, con esas mujeres “fuertes” con pasados turbios, que nunca dejan de ser niñas, que bailan y se divierten, cantan, que lloran cuando les da la gana, que son impulsivas, torpes, arrebatadas, que llevan la bandera del amor y la bondad puesta por encima de todo. Siempre me sentí parte de esas historias tristes pero mágicas, de esos personajes solos en el mundo, abandonados, a veces sin pasado, sin familia, sin casa… buscando un pequeño lugar en el mundo para ser felices y compartir todo el amor que llevan dentro.
Siempre me identifiqué con sus adolescentes que se enamoran una y otra vez sin medida, que no piensan mucho en las consecuencias, que solo se dejan llevar por las corazonadas, con esos artistas que no ven otra cosa en su vida más que crear, esos personajes que hacen familia y amigos en todas partes, hasta de sus enemigos hacen amigos. Hablan raro, visten raro, le sonríen a la vida todo el tiempo y se permiten ser sorprendidos por lo mágico, creen en las hadas, en los príncipes, princesa y en los milagros.
No es nada nuevo haber crecido en este mundo de ensueños, tengo muchas amigas y todas mis primas que crecieron igual que yo con estas historias. Pero luego una crece, se vuelve adulto y nos da pena ser así. Nos da pena ser arrebatadas, nos da pena ser torpes, nos da pena cantar y bailar como si nadie estuviera viendo, empezamos a vestirnos a la moda como se viste todo mundo, y usar converse con faltas colorinches ya no está bien, dejamos de creer en las hadas y en las historias de cuentos amor, empezamos a concentrarnos en encontrar cualquier hombre que nos haga sentir aunque sea un poquito bien, nos ponemos a trabajar y empieza a ser más importante ganas un poco de dinero para poder hacer una vida y nos olvidamos de nuestra niña interior, de nuestros sueños…
Pero yo ya me cansé de tener miedo, ya me cansé de andar con cuidado por la vida, de caer en relaciones que me llevan a dudar de como me visto, de como hablo, de como bailo, de como soy.
Yo quiero ser un personaje de Cris en todo su esplendor, quiero vivir mi vida sin miedo y sin pena de ser tal cual soy. De vestirme como quiero, como me hace sentir linda, divertida, mágica. Quiero dedicarme a tener sueños nuevos todos los días, y a enamorarme sin medidas hasta que encuentre al príncipe de mi historia de cuento de amor o hasta que encuentre mi lugar en este mundo, una casita que pueda llamar mi hogar para siempre.
Tenía mucho tiempo sin escribir estas cartas, porque entre el viaje y mi corazón medio entristecido la verdad es que me costaba escribir algo que quisiera publicar. Pero como siempre, volver a empezar y re conectar conmigo misma significa volver a escribir y mandarles cartitas, así que de nuevo hola, y ojalá sigan por aquí leyendo mi loca cabecita, les quiero.






