Carta #14
Amando cada palabra, cada página, cada libro...
De chica no me gustaba mucho leer. A mi papá en cambio, le encantaba. Él era el tipo de persona que se metía al baño con un libro y no salía hasta acabárselo, a veces incluso tomaba mis libros de la escuela, los de historia y matemáticas que yo odiaba y él amaba.
Mi abuela me ha contado que mi papá, de chiquito, por puro aburrimiento, se ponía a recortar el periódico y luego jugaba a armarlo como un rompecabezas. Él estaba suscrito a las revistas y libros de National Geographic que a mi tanto me gustaban por las fotos de los animales y a él por aprender cosas nuevas.
Una vez en una plática le dije que yo sería atea, que no creía en Dios, y él me respondió que para ser atea primero debía leer la biblia completa. Yo le reclamé, por supuesto. “Pero si tú también eres ateo” A lo que respondió “No. Yo tengo mis argumentos sobre porque muchas cosas no son posibles, pero para eso leí la biblia primero”. En ese momento no le creí pero ahora estoy segura de que en algún momento si la leyó.
Cuando le dije que quería ser vegana, me dijo que no hasta que le entregara un ensayo sobre investigaciones de porque podía ser beneficioso para mi salud y no solo una ocurrencia pasajera.
Siempre me decía que era un desperdicio saber inglés, ser tan buena en ello y no aprovechar para leer los libros en la lengua natal de los autores. Para mi sus palabras de chica no tenían sentido.
Con el boom de crepúsculo, saliendo del cine como una completa fan, mi papá me dijo: ¿Sabías que es una saga de libros?
¿Una qué? le pregunté… Primero se molestó un poco de que no entendiera el termino luego me explico que eran libros adaptados a películas, como Harry Potter, Narnia y muchos más… Se aseguró de implantar en mi la idea de que los libros eran mil veces mejor que las películas porque te daban detalles, y aparte eran mucho más largos y en los libros tu tenías el control de como se veía todo gracias a tu imaginación… Al final lo logró porque unos días después le cumplí lo que quizá fue uno de los sueños más grandes de su vida:
Le pedí que me comprara mis primeros libros.
Así me leí en cuestión de meses la saga completa de crepúsculo y con la protagonista siendo lectora me enamoré de la idea de leer en tardes lluviosas, de ser esa chica inteligente que siempre llevaba un libro cerca…
Le pedí mi primer clásico Cumbres Borrascosas, tuve que leerlo dos veces pero a la fecha sigue siendo uno de mis favoritos. Empecé a soñar con escribir como las hermanas Bronte. Me leí la saga de Los Juegos del Hambre, y el Principito lo devoré fácil unas 100 veces. Mi abuelita me regaló La Princesa que Creía en los Cuentos de Hadas y poco a poco fui inundándome en el mundo de la lectura…
Tras la pandemia, leer se convirtió en mi refugio. Los libros eran mis aliados. Por primera vez en mi vida leí 12 libros en un año, luego 24, luego más de 40 y a la fecha tengo más de 100 libros leídos.
Descubrí que los libros me daban la posibilidad de conocer otras vidas, otras épocas, otras ciudades, otras realidades… Con solo palabras escritas en papel era transportada a otros universos. Sentía que podía ponerme unas gafas para ver el mundo con los ojos de alguien más, de otro autor, de algún personaje… Empece a crecer mi lista de favorito. Reí y lloré entre páginas, me imaginé una vida mejor para mi pero también agradecí por tener una mejor que otros, porque sí, gracias a los libros me volví más humilde, más agradecida. Mis ganas de escribir fueron creciendo, mi creatividad explotaba por todos lados y mis libretas fueron acumulándose con el paso de los años. Me animé a empezar cartas semanales para hablar sobre mi vida, sobre mis procesos creativos y sobre mis lecturas.
Hace unos días descubrí entre mis libros una foto con mi papá, y detrás de esta una nota:
Me di cuenta de que llevaba un rato sin hablar más profundamente de una de las razones principales por las que escribo, por las que existen estas cartas. Me di cuenta que llevaba tiempo sin hablar de los libros, y de mis lecturas como eso que es el tesoro más preciado que me había dejado mi papá.
En el 2020 también me uní a mi primer club de lectura en linea, y gracias a los libros conecté con gente alrededor del mundo, personas que ahora puedo llamar amigos. Amigos en Estados Unidos, en Brasil, en Korea, en la India. Mi consumo de redes sociales se inundo de booktubers y bookstagramers, me imaginaba siendo una de estas personas, que podían ganar de dinero solo por compartir su amor por los libros. Empecé un canal de youtube pero el miedo siempre fue más grande, nunca me sentía suficiente. Empecé a gastar mi dinero en libros, en marcadores, en separadores, en diarios y en cafeterías a las que pudiera ir a leer y escribir por horas… Y nació en mi un nuevo sueño.
Quiero tener una biblioteca personal. Para que una colección de libros sea considerada biblioteca, debes tener al menos 1,000 libros.
Actualmente tengo solo cerca de 250 libros. No son pocos, la verdad. Pero sé que aún me queda un camino largo por recorrer, libros por comprar, libros por leer, lugares de mi casa para agregar estantes y libreros, gente por conocer o con quien conectar gracias a la lectura, como ahora que me he inscrito en mi primer club de lectura presencial en un café cerquita de casa. Sé que aún me quedan muchos libros por coleccionar, muchas notas por hacer, mucho recuerdos por revivir, mucho por escribir y ahora también mucho por grabar…
Y esque he decidido de nuevo lanzarme al vacío y retomar ese canal de youtube que tengo tan abandonado, he decidido volver de a poquito a ese mundo en el que hablar de libros me sana el corazón y me hace estar más conectada con mi papá. Ansío en pocos días empezar a crear en ese pequeño rincón del internet, en dónde espero compartir mi pasión por la lectura, mi amor por los libros e inspirar a otros a encontrar el suyo.
Aquí empieza mi Biblioteca en Construcción.








